La sensibilidad por los «pequeños» detalles que ofrece la vida, las personas y la creación artística me inspiran a despertar nuevos enfoques y puntos de vista de lo que ya existe.
Desde pequeña me ha apasionado la belleza y la perfecta imperfección de la naturaleza, los brillos, los colores, los sonidos y las sensaciones de todos los sentidos juntos. Me preguntaba incluso cómo percibiría la vida sin alguno de mis sentidos y me imaginaba mi vida sin alguno de ellos, agudizándose otros en compensación.
El mundo de las emociones y los sentidos han ocupado gran parte de mi vida, incluso trabajando en diferentes sectores y ámbitos profesionales, pero nunca desaparecieron dos de ellos: el artístico y el espiritual. En realidad, ambos han estado siempre relacionados, aunque uno no siempre sea consciente de ello.
Descubrí el grabado en cristal siendo una niña, cuando mis padres, viendo que dedicaba mucho tiempo a dibujar, pintar y probar cosas nuevas, me regalaron un aparato a pilas para grabar cristal. Ese fue mi primer contacto con el material y la técnica de grabado.
Años después estudié la carrera de Bellas Artes, sin especializarme en ninguna disciplina en particular, priorizando siempre el hecho de aprovechar la infraestructura y las posibilidades que ofrecía la Facultad y así experimentar la talla en madera y piedra, el revelado de fotografía a color y blanco y negro, entre otras.
Tras licenciarme, realicé un postgrado de Dibujo del Natural ya que siempre me inspiró la figura humana, y cursé el C.A.P (Curso de Aptitud Pedagógica), enfocándome también en el ámbito de la enseñanza.
Volviendo al tema del cristal, los años pasaron. Yo crecí y el aparato me quedó pequeño y, llegado el momento, busqué otras posibilidades más profesionales y resistentes. Retomé la práctica y la experimentación con este material y las nuevas herramientas, trabajando siempre a mano alzada.
