En 2010 buscaba un maestro herrero para aprender el oficio de la forja para así realizar las peanas de mis esculturas de cristal. Tuve la gran suerte de dar con un gran maestro, artista y profesional del Ampurdán: Lluis Felip.
Aunque ya se había jubilado, nos caímos bien y accedió a enseñarme. Cuando le pregunté por el precio de las clases particulares, me comentó que a él le hacían más gracia los «trueques» y amplió la respuesta con una bonita anécdota de un dibujante que le ofreció un bonito esbozo del establecimiento que tenía en Barcelona. Lluis, en vez de comprárselo, le propuso intercambiárselo por alguna pieza que le hiciera ilusión de su colección. Así pues, pensé en hacer lo mismo a la inversa, ya que no me cobró las clases, le pagué con este cuadro.

Diez años después, seguía teniéndolo colgado en su creativa y variada exposición de Palafrugell, rodeado de hermosas piezas de hierro y también de los cuadros del artista y pintor Floreal que, con sus colores y trazos, casi equiparables a la fuerza y dureza del material ardiente, también ocupaban algunas paredes del establecimiento.

